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La radiocirugía, un tratamiento no invasor y basado en la
radiación, representa una opción importante para los pacientes
que padecen de enfermedades cerebrales y corporales para las
cuales la cirugía convencional es peligrosa o imposible. La
radiocirugía no es ninguna panacea, pero sí ofrece
aplicaciones prácticas en circunstancias específicas.
¿Qué es la radiocirugía estereotáctica?
La radiocirugía es la aplicación de una dosis
alta de radiación a una parte específica del cuerpo. La
radiocirugía “estereotáctica” es el uso de un mapa
tridimensional (un sistema de coordenadas) para entregar una
cantidad de radiación predeterminada a una área exacta del
cerebro. Normalmente, se entrega la radiación en sesiones de
una sola dosis, sin requerir que el paciente sea hospitalizado.
Según la IRSA (http://www.irsa.org/radiosurgery.html), hay
tres tipos básicos de radiocirugía:
- Haz de partículas (protón)
- Cobalto 60 (fotón)
- Acelerador lineal
La radiocirugía basada en fotones es comúnmente conocida
como la radiocirugía de “Bisturí Gamma”, ya que el Bisturí
Gamma es el aparato más conocido en este tipo de radiocirugía.
Se ha usado el aparato de Bisturí Gamma por más de 30 años
para tratar a casi 100.000 personas.
Ventajas y desventajas
Cada caso individual requiere atención
especial. Sin embargo, en líneas generales, las ventajas y
desventajas principales de la radiocirugía son:
Ventajas:
- Se entrega la radiación en una sesión de una
sola dosis
- Es para pacientes externos; se evita una
hospitalización prolongada y costosa
- En comparación con la cirugía convencional, el
período de recuperación es muy corto
- Éxito documentado para aplicaciones específicas
- Cirugía no invasora; elimina casi completamente
la posibilidad de una infección grave
- Cualesquier reacciones adversas agudas
normalmente son transitorias
Desventajas:
- Las reacciones adversas son comunes y pueden
incluir:
- Hinchazón (edema) – puede causar síntomas neurológicos
transitorios (deficiencias); a veces se recetan esteroides
para prevenir el hinchazón; en los casos más graves, es
necesario implantar un tubo en el cerebro para desviar el
fluido acumulado.
- Necrosis – la muerte de tejidos sanos. Si hay tejidos
sanos en el área irradiada, la radiación puede ser
perjudicial a estos tejidos.
- Aparición demorada de complicaciones inducidas por la
radiación – puede haber una demora de seis a nueve meses
antes de que se presenten complicaciones graves. En la mayoría
de los casos, estas complicaciones son permanentes.
La radiocirugía y las malformaciones
vasculares
La radiocirugía hoy en día es considerada como
el método preferido de extirpar las malformaciones
arteriovenosas (AVM son las siglas en inglés). Cuando se
utiliza la radiocirugía juntamente con la embolización, se
pueden eliminar completamente las malformaciones arteriovenosas
peligrosas; sin embargo, la composición y la estructura de las
AVM son muy diferentes de las de otras lesiones vasculares. Los
beneficios de la radiocirugía no necesariamente son aplicables
a otras malformaciones como la malformación cavernosa, la
malformación venosa, o la telangiectasia de los vasos capilares.
La controversia de la radiocirugía contra
la microcirugía para extirpar las malformaciones cavernosas (CCM
son las siglas en inglés)
Si hay un solo tema que polariza a la comunidad
de la neurocirugía vascular, este tema es la controversia sobre
el uso de radiocirugía para extirpar las CCM. Aunque se ha
sabido de las CCM y la radiocirugía por varias décadas, todavía
se sabe muy poco de las CCM. Únicamente durante los últimos 10
años se ha podido documentar a fondo la historia natural de las
CCM, en mayor parte gracias a la nueva técnica de imágenes por
resonancia magnética (IRM). La investigación médica aún no
ha descubierto la causa fundamental de las CCM, ni ha logrado
describir el patrón de hemorragias asociado con este tipo de
malformación. La cuestión de descubrir una manera de curar o
tratar una anomalía cuyo origen y patrón de hemorragias se
desconocen es problemático en el mejor de los casos.
El cisma que resulta de este problema ha
dividido a la mayoría de los neurocirujanos en dos facciones (cuando
se trata de una lesión agresiva que requiera algún tipo de
intervención, y no un caso en el cual se puede “observar y
esperar”): los que recomiendan la cirugía convencional para
extirpar las CCM (la mayoría), y los que piensan que la
radiocirugía ayuda a reducir la posibilidad de hemorragias. Hay
muy pocos neurocirujanos que estén a favor de ambas soluciones
a este tema.
¿Por qué existe esta gran división? Hasta la
fecha, no ha habido ningún estudio de investigación totalmente
decisivo que pruebe la eficacia de la radiocirugía. Aunque se
han realizado unos estudios retrospectivos, hasta la fecha no se
ha llevado a cabo ningún estudio prospectivo aleatorizado. No
existen ningunas pruebas irrefutables de que la radiocirugía
reduzca ni elimine el riesgo de hemorragias en el futuro, en
comparación con la historia natural de la enfermedad. Además,
en algunos casos los resultados a largo plazo de la radiocirugía
no son ideales, haciendo que algunos pacientes se sometan a la
resección convencional para aliviar sus síntomas persistentes.
En muchos casos, la radiación causa complicaciones que después
reducen la eficacia de la resección convencional.
Algunos estudios de investigación sobre la
radiocirugía, sobre todo los que estudian la técnica de Bisturí
Gamma, indican que la radiocirugía disminuye el índice de
hemorragias a largo plazo [Kondziolka], [Hasegawa], mientras
otras investigaciones señalan un índice más alto de
complicaciones [Steinberg]. Hasta con el Bisturí Gamma, el índice
de complicaciones de algunos estudios era demasiado alto
[Pollock et al]. Ambos Pollock y Karlsson creen que,
“whatever limited hemorrhage protection is
provided by radiosurgery is not sufficient to accept the high
risk of delayed radiation-related complications associated with
radiosurgery of CMs.” [Pollock] (“Aunque se reduzca el
riesgo de hemorragias después de la radiocirugía, en el caso
de la radiocirugía para las malformaciones cavernosas, dicho
beneficio no es suficiente para aceptar el alto riesgo de la
aparición demorada de complicaciones inducidas por la radiación”.)
Más importante aún es el hecho de que la
radiocirugía no extirpa ni destruye la lesión [Gerwitz et al].
Tampoco se puede probar concluyentemente que la radiocirugía
disminuya el tamaño de las lesiones. En muchos casos, las
lesiones son dinámicas, y es imposible atribuir un cambio de
tamaño o volumen a una intervención externa.
Una hipótesis pretende explicar por qué la
radiocirugía tal vez no sea adecuada para tratar las CCM:
“Avoiding the haemosiderin fringe is
difficult in practice because of the intimate relationship of
the ring to the periphery of the cavernoma and uncertainty in
accurately determining the lesion’s edge… The haemosiderin
fringe surrounding the cavernous malformation is therefore
likely to be generously dosed during radiosurgery” [St.
George]. (“Evitar el anillo de hemosiderina es difícil en la
práctica porque este anillo está muy cerca de la periferia del
cavernoma, y porque es muy difícil determinar con exactitud los
bordes de la lesión… Por eso, es probable que el anillo de
hemosiderina que rodea la malformación cavernosa reciba una
alta dosis de radiación durante la radiocirugía”.)
En otras palabras, las cualidades del anillo de
hemosiderina (producto de degradación de la sangre) hacen que
sea difícil determinar exactamente la división entre la lesión
misma y los tejidos sanos (aunque manchados por la hemosiderina)
del cerebro. Éste es el caso a pesar de que:
“Most authors agree, without venturing a
scientific aetiological basis for their observations, that there
is a higher incidence of sub-acute radiation reactions following
radiosurgery for cavernous angiomas as compared to AVM or other
targets, not withstanding lower recommended marginal doses than
employed for AVM targets” [St. George]. (“La mayoría de
los científicos creen, sin suponer ninguna base etiológica
científica para sus observaciones, que existe una incidencia más
alta de reacciones sub-agudas a la radiación después de la
radiocirugía en el caso de los angiomas cavernosos, en
comparación con las malformaciones arteriovenosas u otras
lesiones, no obstante la recomendación de un nivel marginal de
radiación más bajo que el nivel utilizado para las AVM”.)
Este informe explica que a pesar de que la
radiocirugía para extirpar las CCM utiliza un nivel de radiación
más bajo que el nivel utilizado para extirpar las AVM, hay más
complicaciones relacionadas con la radiocirugía para extirpar
las CCM.
Finalmente, los neurocirujanos del Barrow
Institute comentan acerca de la eficacia de la radiocirugía
para tratar las CCM:
“First, radiation treatment of
angiographically occult vascular malformations does not
"cure" these lesions. Hence, even after treatment,
there is a continued risk of hemorrhage. Radiographic
documentation of a lesion eliminated after radiosurgery has yet
to be published. Second, the risk of radiation injury is
significant and must be considered and compared with the
outcomes of conventional surgical treatment of these lesions.
Third, patients who had received radiation therapy before
surgical resection had the worst postoperative course” [Gerwitz].
(“En primer lugar, la radiocirugía para tratar las
malformaciones vasculares angiográficamente ocultas no puede
“curar” estas lesiones. Por eso, incluso después del
tratamiento, hay un riesgo continuado de hemorragias. Hasta la
fecha, no se ha publicado ningún estudio que documente,
mediante la radiografía, la eliminación de una lesión después
de la radiocirugía. En segundo lugar, el riesgo de heridas
causadas por la radiación es considerable, y debe tomarse en
cuenta y compararse con los resultados de la cirugía
convencional para tratar estas lesiones. En tercer lugar, los
pacientes que recibieron radioterapia antes de someterse a la
resección quirúrgica tenían los peores resultados después de
la intervención quirúrgica”.)
Por otra parte, en la mayoría de los casos, la
cirugía convencional puede extirpar el 100% de la lesión.
Gracias a unos progresos impresionantes en el campo de la
microcirugía, ahora es posible resecar con éxito algunas
malformaciones que hace cinco años no se podrían tratar con la
cirugía convencional. Por lo menos un neurocirujano ha cambiado
de opinión sobre este tema; ya no utiliza la radiocirugía como
el método principal de tratar las malformaciones cavernosas
profundas [Coffey].
La desventaja de la cirugía convencional es que
implica un período de recuperación más largo, y no
insignificante, para el paciente. En algunos casos, si la cirugía
convencional no reseca la lesión completamente, la malformación
puede regenerarse y sí lo hace. Por supuesto, hay casos en los
que la lesión es agresiva y a la vez difícil de tratar por métodos
quirúrgicos convencionales sin llevar un alto riesgo de
mortalidad. Para este grupo pequeño de pacientes, si ya se han
considerado y descartado todas las otras opciones, es posible
que la cirugía de Bisturí Gamma sea un método adecuado.
Hasta que se realice una definitiva investigación
prospectiva aleatoria de múltiples enfoques, la radiocirugía
para tratar las malformaciones cavernosas seguirá siendo un
tema muy controvertido para la comunidad neuroquirúrgica.
Referencias
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prospective natural history of cerebral cavernous malformations.
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Hasegawa T, McInerney J, Kondziolka D, Lee
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stereotactic radiosurgery for patients with cavernous
malformations. Neurosurgery. 2002 Jun;50(6):1190-7; discussion
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Steinberg GK, Chang SD , Gewirtz RJ, et al:
Microsurgical resection of brainstem, thalamic, and basal
ganglia angiographically occult vascular malformations.
Neurosurgery 46:260–271, 2000
Pollock BE, Garces YI, Stafford SL, et al:
Stereotactic radiosurgery for cavernous malformations. J
Neurosurg 93:987–991, 2000
Gewirtz RJ, Steinberg GK, Crowley R, et al:
Pathological changes in surgically resected angiographically
occult vascular malformations after radiation. Neurosurgery
42:738–743, 1998
E. J. St George , J. Perks & P. N.
Plowman: Stereotactic radiosurgery XIV: the role of the
haemosiderin ‘ring’ in the development of adverse reactions
following radiosurgery for intracranial cavernous
malformations:a sustainable hypothesis. British Journal of
Neurosurgery 2002; 16(4): 385–391
Coffey RJ: Brainstem cavernomas. J
Neurosurg. 2003 Dec;99(6):1116-7; author reply 1117
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